El distrito de Paucartambo, capital de la provincia del mismo nombre en la región Cusco volvió a convertirse en el epicentro de la fe andina. Miles de devotos locales y visitantes de diversos rincones del Perú y el mundo abarrotaron el pueblo para participar de esta arraigada manifestación religiosa de la Virgen del Carmen.
A lo largo de cuatro días, sus históricas calles empedradas cobraron vida con el paso de 19 danzas tradicionales. Ataviados con coloridos trajes y elaboradas máscaras, cientos de bailarines renovaron su promesa de fe ante la “Mamacha Carmen”, patrona y protectora espiritual del pueblo.

Cada noche del 15 de julio, Paucartambo se enciende con el Q’onoy, el ritual nocturno que marca el inicio oficial de la fiesta de la Virgen del Carmen. Esta sobrecogedora puesta en escena revive la antigua leyenda del primer intento de los Qhapaq Qolla por raptar a la Virgen y llevarla hacia el Collasuyo.

Frente a ellos, los aguerridos Qhapaq Ch’unchu asumen su custodia, dando vida a un espectáculo único donde la historia, la fe y la cosmovisión andina se funden entre el fuego y la devoción.
En medio de un gran despliegue de danzas tradicionales y fe multitudinaria, la sagrada imagen de la Virgen del Carmen realiza su primer recorrido procesional por las calles históricas de Paucartambo, trasladada con devoción sobre los hombros de sus fieles.
En el recorrido procesional, los Saqras —que representan a diablos traviesos y tentadores personificados en seres zoomorfos— se roban la atención de los feligreses al desafiar la gravedad colgándose de los balcones de las viviendas o subiéndose a los tejados para intentar tentar a la Virgen del Carmen, a quien jamás se atreven a mirar de frente.

Durante el día central de la festividad se escenifica el tradicional “Bosque”. Desde una elevada plataforma de madera, los Qhapaq Qolla lanzan diversos productos y regalos a los asistentes. Este gesto busca generar distracción entre el pueblo y los cargadores para que, mientras se arrojan al suelo a recogerlos, los Qollas intenten consumar la huida con la sagrada imagen.
El viernes 17, en su segunda salida procesional, la Virgen del Carmen avanza solemnemente hacia el puente Carlos III para bendecir los cuatro puntos cardinales. Al término del recorrido, la plaza se transforma para acoger la «Guerrilla», la escenificación cumbre de la fiesta donde la fe y la mitología andina se entrelazan.

En ella, los Qhapaq Qollas del Collasuyo y los Qhapaq Ch’unchus del Antisuyo libran un combate ritual por la custodia de la Virgen. La victoria de los Ch’unchus reafirma el lazo sagrado de la patrona con el pueblo, al tiempo que los Saqras conducen las almas de los vencidos hacia las sombras.
En la jornada de cierre, se realiza la ceremonia del Watatiyaykuy, ritual que marca el fin de los actos espirituales de la festividad. A las 14:30 horas, la Virgen del Carmen es llevada al atrio del templo para impartir su bendición final y despedirse solemnemente del pueblo paucartambino.

Por la noche, en el marco del tradicional Cacharpariy, los danzantes y la banda de músicos recorren las calles de Paucartambo hasta retornar a la Plaza de Armas para dar paso a la última fiesta popular.
La devoción en Paucartambo también se vive al rayar el alba. A partir de las tres de la mañana, caravanas de viajeros emprenden el trayecto hacia el mirador de Tres Cruces, situado a 3850 m s. n. m., con la ilusión de presenciar el mágico espectáculo del amanecer.

Para comprender la magnitud de esta herencia, el Museo de los Pueblos de Paucartambo resulta una parada obligatoria. Sus salas no solo albergan los deslumbrantes trajes de las 19 danzas típicas de julio, sino que también custodian valiosos vestigios arqueológicos de los asentamientos incas de Plaza Kancha, Watoqto y Ninamarka, además de la producción textil y cerámica de las comunidades vivas.


